La escritura fue durante años su primera y más rentable actividad: guionista por encargo, redactora de textos formativos, escritora de algunos contados y ya inexistentes libros entre los que cabe citar tres novelas cortas para jóvenes, algunos cuentos infantiles y una historia del feminismo en España... además de colaboradora como crítico musical en diversos medios de prensa generales y especializados.
No obstante, este es el primer libro de poemas que escribe y que se edita.
Como la música, la lírica de Apócrifas codicias también responde a leyes matemáticas, difusas y complejas, formuladas en el acto cómplice de la lectura. Una de estas leyes es, sin duda, la utilización de una mínima anécdota, de un pronombre o de un instante como desencadenante de un discurso verbal que hace equilibrios entre la condensación expresiva y el derroche, gozoso o doloroso, del torrente hipnótico de las palabras. Otra ley, por ejemplo, remite al ritmo de las repeticiones y las sutiles variantes, de forma que los estados anímicos (dos o tres, acaso sólo uno) se condensan en su persistencia. Pero, más allá del juego, de la maestría de la autora para enfrentarse a un material poético que desmiente a cada verso la extenuación, queda resonando en la lectura la consistencia de una verdad íntima, rigurosa y no reversible, que sostiene la credibilidad de su obra. |