(...) de lo que aquí se habla no es de una historia sino de un mundo, no de una aventura sino de un universo. Porque una novela, creo yo, ha de tener principio y fin, o comienzo, desarrollo y final, pero en mi libro, los principios son tan antiguos como largos, el desarrollo es alicorto, y el final no aparece por ninguna parte, (...)
Pero si los tiempos son largos, los espacios parecen siempre los mismos, puesto que, como se verá, la novela se desarrolla siempre en los límites del antiguo y muy famoso Reino de León, el primero entre todos los de las españas, por unas razones y por otras, siendo la razón primera, que el que esto escribe, también es del Reino, y no iba yo a renegar de mis orígenes, siendo como soy amantísimo de los mismos.
Quizá, y como más de uno de mis entrometidos amigos, me ha señalado, no he velado todo lo que era de desear, ciertas escenas concupiscentes y hasta lascivas, pero aquí he de decir, que verdaderamente me siento inocente hasta tal punto que casi me considero congregacionista.
Vaya pues adelante esta novela, y júzguenla los buenos, que los malos, en lo que se me alcanza, ya la han juzgado y hasta condenado siguiendo en esto la naturaleza de sus bajos instintos. Por mi parte, aunque insatisfecho, me quedo contento y como descansado después de tanto trajín.
Prólogo del autor |