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Picaresca, milagrería y milandanzas en la Vía Láctea

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ISBN: 978-84-933053-8-3
Formato: 17 x 24
Encuadernación: Rústica
PVP: 15,00 €

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Prensa

He aquí el libro más bello jamás escrito sobre el Camino de Santiago; escrito cuando la senda jacobea no era ni esbozo de lo que es.

DONDE SEHABLA DEL AUTOR Y SUS MILANDANZAS

 

Un día de 1948, con un sol de moscas, pasó porAstorga una caravana de camiones con jóvenes navarros. Iban Camino de Santiago.Unos venían desde Roncesvalles, otros se habían juntado en Estella, dos hitosgeográficos del Camino francés abundantemente citados en este libro. Aquellamañana radiante del 27 de agosto, pasaban las últimas oleadas de jóvenes queconfluían en la ciudad del Apóstol, en número no inferior a 80.000, y merodearíandurante dos días –el 28 y 29- por las rúas compostelanas.

El espectáculo de aquella peregrinación rodante a supaso por Astorga resulta fácil de imaginar. Una invasión. Sobre las paredes dela ciudad, unas litografías verdes con los pies de un peregrino anunciaban unencuentro en Santiago de Compostela, al que asistirían jóvenes llegados de todaEuropa. Echó pie a tierra el cargamento de peregrinos al llegar a la ciudad ymuchos recorrieron el camino jacobea astorgano, pero las camionetas tuvieron queseguir obligadamente por la carretera de León hasta encontrar la de La Coruña, para seguir elitinerario más rápido y mejor asfaltado.

Traían bordones, mochilas, chapelas navarras,cantimploras y todo el jolgorio preciso para distraer un viaje más que incómodoinmisericorde. Hicieron escala técnica en la calle del Húsar Tiburcio, antes detomar la carretera general; y durante este breve descanso, a un chicoastorgano, pecoso y tirando a pelirrojo, se le notaba en el brillo de los ojosel deseo de que aquellos jóvenes navarros le hicieran un hueco en la caja de lacamioneta. Dicho y hecho. <<Súbete, que te llevamos, ven connosotros>>. Y el pecosillo, que tenía por entonces 19 años y ganas demilandanzas, les rogó que esperaran un poco, que se presentaría con su petateen cinco minutos. Los justos para subir a casa y decir: <<Me llevan aSantiago>>. Convenció a su madre y a su padre por lo rápido, mientras lesaclaraba nervioso y feliz: <<Son unos chicos navarros, que me dejan ir ensu camioneta. Están ahí abajo esperando>>. La madre le puso en la mano100 pesetas, se la cerró con el billete dentro, y le llenó de consejos.<<Ten mucho cuidado, hijo>>, le advertía mientras le estampaba unabeso.

Apenas se subió a la caja de la bulliciosa camioneta,jaleado por los hurras de la chavalería, enfilaron el camino hacia Santiago. Yllegaron, al cabo de un montón de horas, a la plaza del Obradoiro, metieron susdedos en el parteluz del Pórtico de la Gloria, se propinaron un coscorrón con el MaestroMateo y abrazaron como quiere la tradición la imagen del Apóstol. En estostrajines compostelanos, no se sabe en qué comento, al chico astorgano lebirlaron en un pispás los veinte duros que atesoraba como una fortuna y sequedó a buenas noches sin poderse comprar ni si quiera una vieira de recuerdoque certificara su estancia.


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